Melodrama de interior



Tu mamá no me quiere
.


Jamás podré explicarle a las orejas del mundo


porqué aparezco con el viento y araño las ventanas

y si es de noche y no son horas.

Si encuentran notas en la alacena

que proclaman mi reino en un terrón de azúcar,

hemorragia delictiva y anónima:

Sangre de rosas, escribí,

sangre sagrada

sangre terrible

sangre demonia

sangre en tus ojos

sangre en el cielo

sangre en sillones

sangre en el baño

Sangre toca la puerta y se desliza entre yemas.

Las orejas del mundo lloran, las orejas del mundo aúllan.

No entienden. 

Y yo me vacío sola, completamente sola

porque las orejas del mundo no escuchan, aíslan.

Porque psiquiatras, porque exilio, porque jaula y amarras, porque despojos, tristeza, mierda, 

preguntas incontestables que ahogan y amordazan

los cuellos de lobas de esta cepa maldita.

Entonces ya no hay juego, ni competidores: sólo rotos. 

 Y todos lloramos en nuestro rincón personal

tarareando una vieja canción mojada en memorias secas,

derruidos por el ruido del mundo.  







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