Para mi melancolía,
en donde sea que
te desencuentres.
Mis amistades más cercanas
duermen cobijadas
entre cabellos oscilantes.
Cierran sus ojos angustiados por la amenaza
que representa despertar un día
y encontrarse como algo que no puede ser.
Lloran desesperados,
pues no soportan sus pies amarrados
al barco en el cual adoptaron el naufragio
como rumbo fijo.
Mis amistades más cercanas juegan,
no quieren ser luz entre sueños de cometas.
Son Saturnos.
Yo los acaricio en esa inercia
con la mano izquierda y los tomo del cuello
para cuidarlos del filo.
Esconden a Baffometo bajo su almohada y
comparten conmigo los secretos de las ratas.
Se ocultan tras mi oreja.
Son ellos, mis amigos más cercanos,
a quienes mantengo distanciados en sueños,
huyendo siempre de su furia de avalancha herida
que cae sobre mis ojos como bala.
Pero cuando nos acercamos al fin del mundo,
cuando la noche es fría
y las calles nos ciegan con
sus farolas y sus sirenas, intento abrazarlos
pues sólo así nos alejamos juntos del vacío.
Comentarios
Publicar un comentario