Al hemisferio izquierdo le da miedo dormir, pero la gente no lo entiende y no le importa. La hora de dormir es la hora del horror donde todas las ideas de nada que amorfas se situaron en los ojos, clavan sus colmillos en el recuerdo.
Es sencillo.
Todos huyen entre piedras por tanto sufrir, pero sólo se consigue náuseas, los ojos análogos capturan ese miedo con su flash distorsionado. Yo no quiero ser el fotograma.
En niveles más profundos se escucha música gélida, y durante el sueño de los imbéciles que se preguntan qué hay bajo las bragas pasa una oleada con aroma a humedad. Tengo miedo: somos perros sedientos, jadeantes.
Mi mano se convierte en revólver, sus lenguas en balas sin retorno y entonces me doy cuenta que me he quedado dormida otra vez en el sueño del imbécil.
Comentarios
Publicar un comentario