Vi un Cristo en mi ventana

Debes susurrarme al oído...
En el anonimato es donde prevalezco, donde puedo respirar.
Ningún lugar, ¿dónde está ese no-lugar? Donde mis raíces
 se suspenden viviendo de la atmósfera, raíces flotantes.
Frases formuladas. Son el candado de mis días.
Collage humano, un silencio por ahí, exhalado por la boca
porque todo es un LOOP o yo soy adivina. 
Pero tengo un sueño roto bien presente entre los dientes, 
una mirada sin filo aparente que me rodea el cuello. Uñas color malva destrozan las encías.
Algo en el espejo se quebró. Mi rostro quedó desfigurado. (Reset)
Intenta no pensar. 
Necesito un cambio de piel, o tal vez el instructivo de mi mente. 
Sigo recostada entre residuos de palomas muertas volando en vertical, 
mirando el halo tornasol de la primer noche de febrero. Pienso en montañas.
Mis manos entumecidas clamaron callar el susurro de la bestia.

Caí entre asesinos
(El asesino soy yo, siempre soy yo.)

Mi cuerpo se expande, se diluye con el polvo húmedo devenido entre azulejos, un secreto entre la oscuridad y mis mejillas. 
Un sigilo, que no necesita ser pronunciado. 
 Maestros de la desaparición en la piel fundida.
Es la estela silente. Un respiro último en la herida primigenia
de un orgasmo.
Soy los ojos de la bestia, las manos del silente
ahorcando la mañana.
El cristo en la ventana 



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