Las pastillas son espejos mágicos

Cuando recuerdo mis trece años como el primer año que huí de madrugada para salir de fiesta digo que voy al baño y me regreso a mi casa. Algo en la noche me llenaba de euforia y me sentía vivir los últimos días de mi vida porque estaba convencida de que así lo eran. Creía en el amor a primera vista y que podrían destruir toda barrera. Me aterran los compromisos pero me oculto detrás de una personalidad intensa como jugando a querer casarme y tener tres hijos, eso te libra de muchos compromisos. La ironía de la situación siempre me mata de risa, en un tiempo donde todos juegan a imaginar su vida llena de responsabilidades que no quieren.

A veces digo que voy al baño y me regreso a mi casa porque algunas noches las voces de todos sin darse cuenta sólo repiten una y otra vez drogas y sexo. No lo saben, ese es mi miedo más profundo, buscar respuestas y que éstas se encuentren estancadas en el fantasma de la droga y el sexo y que todas las cosas bellas del mundo se reduzcan a eso. A la triste imagen holográfica de juventud hedonista un poco sucia por el lodo de la lluvia.
Son los corazones del mundo un bolsillo.

Quisiera descubrir algo más que pequeñas monedas en ellos, algo iridiscente para sacudirnos un poco. Nadie sabe que aburrido se es estar aquí adentro todo el tiempo, pero afuera a veces no hay nada. Una tarde me pregunté porqué tantas pegatinas de colores en mis libretas o en mis paredes. Decorar al mundo, aunque no siento nada o tal vez es que siento demasiado y ya no lo entiendo, pues algo en mí se descompuso con los años. Entonces yo misma caigo en los propios vicios. Me tomo todo el blíster de Tramadol como jugando a ser ruleta rusa.

Pium, pium, pium...

Mi corazón está triste, pium, pium, pium,  mi alma está triste, pium, pium pium, mi mundo se ve triste pero no existen las lágrimas, pues durante dos años enteros no hice más que desperdiciarlas, sin darme cuenta siquiera si sentía algo. 
Cuando entraba  a las conferencias más aburridas del mundo ahí estaban, las lágrimas en torrente como si me importara poco lo que expone el ponente. En las fiestas, en la oficina o jugando squash... no se iban. Así que comencé a preguntarme si eran las drogas y sí, tantas pastillas ocultaban cómo me sentía, aún no sé cómo me siento, lloro pero como la sed de los desiertos. 
CALLADA, CALLADA, CALLADITA

Y sólo las hormigas asisten al velorio porque sus oídos son supersónicos. Pero basta de tantas tonterías, tenía un punto. Que en ocasiones digo que voy al baño y en realidad voy camino a mi casa. Me doy cuenta cuando me veo en el espejo y se asoma una bestia, me guiña el ojo y me entrega más chochos. Entonces comienzo a respirar como asustada, nada más, por pura diversión y dramatismo. "Por la anécdota". El baño es divertido, entre tantas multitudes puedes meterte  a platicar un rato contigo.
¿Hola Monse, cómo estás?
Muy bien, gracia, ¿y tú?
Un poquito de la mierda.
 CIAO

Yo creí saber esperanto de tanto hablar de lágrimas porque ellas también son políglotas. 

Odio los rostros que no dicen nada, pues me enamoro de ellos al instante, odio los ojos que son como abismos porque termino atrapada queriendo llenarlos del todo. En mi altar todos los suicidas del mundo, pues en ellos se ocultan las verdades de un cuarto cuando apagas la luz.  Por eso corro a casa cuando te digo que voy al baño, quiero saber si todo está bien, volver de la muerte, pero cuando abro mi segundo cajón de la derecha encuentro siempre una pastilla y la miro, porque las pastillas también son espejos mágicos: cuentan cosas no siempre bonitas.

Un día tres pastillas me contaron una historia, una en la que volví de la muerta, un demonio me dijo "levantate y anda porque ya naciste roto", entonces yo me arrastré sobre los sueños de la jungla buscando ser amada 3 vidas porque olvidé que vestía mi traje de Caín. Apuñalaba mis sentidos para ser la mano del amante y el filo del cuchillo.


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Pill Clock- Carsten Höller

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