Cómo se siente que se te apague la luz
tras la función más mediocre de tu vida
Hay días continuos en los que la vigilia
tras la función más mediocre de tu vida
Hay días continuos en los que la vigilia
me refugia en un silencio de 8mm
y no temo tanto a saberme un abatimiento convulso.
Un demasiado tarde.
Siempre hay espacio para una de amor,
no reniego de mi naturaleza atemporal:
ni que de niña soñaba enamorarme,
las veces que llegué tarde
a cada puerta,
en cada vida.
De eso queda una mujer que no suelta el vaso
y corre a embriagarse con el culo bien hundido en la butaca
a llorarle a todo monstruo Serie-B
porque les vas a romper el corazón.
Sea frente telones glaucos o espejos negros:
un grupo de amigos baila como si estuvieran solos,
y yo ya no sé si lo he soñado, si me estoy perdiendo.
Pero elijo ver Casa Blanca, esa me auxilia, se convierte en un santuario
donde el amor es sólo eso: Un diálogo al cual no tenerle miedo.
Entonces me sirvo más en un vaso de McDonald's
Cuando derramo el líquido por la temblorina
me veo siempre asombrada por redescubrir
que un DVD es también un cambio de estado.
Un acontecimiento para los sueños diurnos:
Adiós Rick, Adiós.
El CD gira en el lector láser mientras soy arrastrada y me pregunto
si habrá mañana otra botella de ron.
Cierro los ojos:
Salón México, Marga López y manos calientes que hacen arroz con leche.
Lo más difícil es no recordar los abrazos
cabeza sobre pecho y quedarme dormida escuchando un corazón.
Dicen que cuando fuimos concebidos
ese fue nuestro primer contacto
con el ritmo y la poesía.
Cuando la luz se apaga y se termina la cinta
siento tanta culpa,
como si fuera un baño público sin servicio.
pero sólo soy una biblioteca vacía
que ha olvidado la capacidad de vivir la vida
como si el horror no existiera,
posterga los mañanas en
licor de matiné.
Y eso a veces se siente peor.

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