Huida Proxy


Nathanaél, [...].No pienses que tu verdad puede encontrarla otro; [...]
Tira mi libro; repitete a ti mismo que lo que en él se dice es
sólo una de las mil posturas posibles ante la vida. Busca la tuya.

ANDRÉ GIDE


Monserrat (monstruillo): Criatura  con dientesillos de aluminio que suele encontrarse bajo la cama en fiestas serpentinantes. Con los amigos más imaginarios, corre por la casa con la mente disparatada y los cabellos encrespados, hablando de un tal Darío y Dulcineas bajo pájaros azules que te vuelan la cabeza entre las grietas de los techos.
Monster & Selfiness, Monserrat Coltello (autoretrato)




Carta sin número: Le Mat o la incertidumbre
del ser escritora




Cuando niña caminé hasta el acantilado y vi un futuro incierto, dos perros a mi lado me cuidaban, uno dormía apacible y me invitaba a quedarme entre los mimos y complacencias que sólo el sol puede darte. El otro, de carácter flamígero, fue quien me condujo al acantilado, pero quien caminó en búsqueda del sendero fui yo, porque el asesino siempre soy yo (fabrica de monstruos). Mis padres me llamaron Monserrat un viernes de abril en luna llena y siempre me provocó un profundo asco. ¿Monserrat? cómo un cerro peninsular o una de las tantas elegidas de Dios. Desde entonces me sentí persuadida por buscar un lugar sólo para mí lleno de fluidos y chispas eléctricas, marcar mi propio yo embadurnado de toda la violencia que conforma mi astro.


Comencé a buscar mi voluntad y encontré la poesía en las canciones de cuna, en la oratoria de la escuela, en la “Sonatina” de Darío, en las etiquetas del cloro, en el tintineo de los cuchillos, en el filo de las agujas, en los sexos a punto de reventar y en la pestaña de los
otros. Sólo entonces sin entenderlo aún me sentí menos sola en la incertidumbre que a veces representa ser una niña. Quedé marcada y comencé a hacer mis propias historias. Vivía entre la agorafobia y los programas de T.V, (Programas como The Hunger o Masters of Horror) en un castillo derruido que con el tiempo quedaría condenado a la memoria y el polvo.


También estaban los delirios de la muerte, la fiebre, los días de encierro que determinaron el
arraigo a la ensoñación ominosa de las realidades alternas; después el alcoholismo, las amistades, la euforia y ese miedo a la oscuridad que me obligaba en mi paranoia a escribir con sudor toda noche de mi adolescencia.


Éstos fueron mis primeros encuentros con la ficción y la poesía. Con el tiempo comencé a escribir más allá de lo que mi propia mente deseaba contarme, algunas noches me gustaba ponerme los audífonos de mi DISCman mientras dividía mi pensamiento por habitaciones, donde cada puerta generaba una serie de bifurcaciones vívidas. Con sus propias ciudades y sueños demolidos. Esos fueron mis primeros "poemas”, los no escritos en la parte trasera de los cuadernos del colegio y posteriormente convertidos en charlas confesionales en los chatrooms más sucios de internet, sí, surgió en mí una inquietud por contarme esas otras posibilidades de percibir el mundo. Entonces la poesía comenzó a ser para mí un ejercicio no sólo de introspección o mímesis de artistas que admiraba, sino una forma para acompañar al otro desde mi trinchera, aunque éste nunca me leyera. ¿Qué clase de oficio es el de poeta?


Carta I: Le Bateleur o la poesía como un proceso alquímico y mágico 

La magia y el ocultismo siempre fueron dos temas asiduos en mis lecturas. Desde pequeñas reminiscencias de Neverland hasta el Liber Null. Tal vez sea el resultado que suele darse cuando los jóvenes se encuentran con premura con la poesía decadentista, modernista o romántica. Te forjas un arquetipo del artista que luego es difícil quitártelo, a decir verdad lo repudias, pues no sale ni con cloro. Pero de alguna forma me genera una náusea envolvente, como cuando un rush de dopamina te empuja a besar descarnadamente y un poco de sangre se cuela en tu saliva.


Es euforia esta influencia mística la que me generó tanta curiosidad en temas como la alquimia, la música y la magia, pues muy en el fondo tengo la seguridad de que el acto poético es a su vez un acto alquímico o mágico. Basándome en Aleister Crowley, la “magick” no es más que transgredir o provocar cambios a voluntad en la realidad a partir de la palabra. Y es en mi encuentro con la Thelema y el Kaoismo, cuando me cuestiono el lenguaje como un chiste desafortunado en el proceso de encontrar tu voluntad, una mala broma implicada cuando su función exocerebral se produce como un virus y no puedes verte más allá de lo que crees que eres por ¿naturaleza?, un ente contradictorio, simplificado, aunado a una masa escatológica llamada ser humano.


Partiendo del supuesto que expone Alan Moore, si se debe tener precaución de la probabilidad de que si un día injurias que eres un mago, puede que un día despiertes siéndolo, volvemos al eterno retorno del poder cosmogónico con el que la palabra fue un todo, el principio creador mordiéndose la cola : ¿Acaso entonces la poesía no es una forma más de transgredir a voluntad nuestra realidad?





Carta XXI: Le Monde o lo que lo mantiene unido

Tal vez algún día dejaremos de estar tristes, haremos a un lado la insipiente credulidad para dejarnos caer. Quizás dejaré de incendiarme y despierte sin racimos de migrañas, a lo mejor un día abro los ojos de ti y descubro la nada expandiéndose frente a lo que no soy. Arrastrada por la muerte de mis amigos imaginarios ahogados en frascos de cristal, como a las crías de rata que vi morir de asfixia cuando era pequeña. Pero a decir verdad, ya nada de eso parece tener algún sentido cuando al menos tres veces por semana sólo entiendo el idioma de la náusea.

En consecuencia, me dijeron que siempre encuentro la devastación, al desplome paseándose en cada calle; desde un McDonald’s hasta en las risas de niños que juegan en el barrio chino, que veía al mundo bajo una arrogancia intimista en la que a huevo el resto comparte mi dolor, yo no respondí nada, pero es a partir de esa conversación que me he decidido dejarme golpear por la vida para probar a qué sabe, para lograr expresar esos mundos que conviven al mismo tiempo y nadie escucha. Quedé aún más confundida en cuanto a la razón por la cual escribo, sí, en parte sé que es para para transgredir a voluntad mi realidad. Ese ensimismamiento, lo afirmo, que aunque lo parece, quiebra mi relación entre mi yo y el otro; en realidad nos vuelve mediante el acto egoísta, un mismo todo por el cual compartimos el mundo. 



Diría Pizarnik: “una mirada desde la alcantarilla/ puede ser una visión del mundo/ la rebelión consiste en mirar una rosa/ hasta pulverizarse los ojos”.













Comentarios