ESTE CUENTO DE HADAS INICIA Y TERMINA CON UN PACTO DE SANGRE


Dedicado a todos los amaneceres
en azoteas de ese increíblemente 
confuso delirio llamado 2019
(Ese año de duelo 
en el que sólo 
Quise sentirme bien)


Cuando pienso en las personas que me han cambiado la vida, caigo en cuenta que por lo particular son vampiros tornasol que  me han visto la cola, poseída por el diablo o al borde de un colapso. Supongo que durante muchos años he creído que así se comienzan las grandes cosas. En el hito de mi propio perecer.  En ocasiones observo desdoblada el transcurrir de mis días a partir de la llegada de esas criaturas maléficas, sucias y perversamente amorosas, en cómo se cruzaron conmigo hace tan poco tiempo y a montón, como haber errado durante años en este desierto de ciudad muchedumbrosa con un extraño sombrero de Caín y perlas en el rostro. Llegan a mí, en un intento de aprender que nada es para siempre y que la vida es un poco o mucho como un funeral... al avanzar las horas todos se irán yendo, hasta quedarme acompañada de un montón de flores blancas.

(Y LA MUERTE Y EL DIABLO QUE SE CASARON BAJO UN CIRUELO)

 Y comprender que así son las caricias endebles sobre el rostro una mañana de cruda, con un escándalo estilo Dance club, enredado en el cabello enmarañado por Psychic-TV. Y con la ligereza con la cual se lee un poema, pedir una pizza mientras todos parados, al rededor de una laptop escuchando noise, compartimos el pan y el vino entre risas estridentes. Para terminar encobijados escuchando a Trevi y Fey invocando a satanás. 

HÁGASE ESTA TACHA Y ESTA CAÑA TANTO EN EL CIELO COMO EN LA TIERRA



Entonces me alegro de esta buena suerte de tener un mal día en el que todos mis amigos son la mejor playlist de Youtube, porque en mi cabeza cae un disparo de re-volvers que guardé bajo mi almohada para destruir las aceras y bailar cuando vamos a la feria cargados de chicles de fresa. O la primera vez que nos quemamos las pestañas con un frasco de ketamina y la regadera de un baño me bautizó mientras veía ángeles con cuchillos en las manos. 

 (GRITAR EN UN TÚNEL QUE SE ME APAGARON TODAS LAS LUCES)

Es encontrar a un muchacho fanático de Boris y descubrir que es un terrorista del Labial que pinta las columnas de mármol. Verlo tatuarse en el piso mientras toca el kazoo mágico que le regalé por su no cumpleaños. Las películas que vi con todos los mejores amigos que no eran los míos y aprender que al final todos somos amantes, amigos, novios y esposos. Perderle todo pudor a querer apasionadamente.

En una de esas noches de películas y jarabe, parece que pasé 5 días en el baño vomitando mientras Tzompantzi acariciaba mi cabello y Rialto Aje Patolina  me leía a Vallejo. Todos sentados en el piso de ese baño, encerrados. Era un ritual, en el que las lágrimas se me escurrían al retrete volviéndonos una fuente, sin saber si era el vómito o la escena que veía desde el techo. Esa noche mientras todos dormían amontonados en un colchón aplastado, aprendimos a manipular la energía y moverla en el cuarto cristiano lleno de tiliches de abuelita y reventar para amanecernos hablando de Dios y la muerte. De cómo sueño con el exterminio, con pequeños apocalipsis de bosillo terciopelo sobre cocodrilos que cargan al mundo. Y ese abrazo cuando me deshice en llanto, porque al fin pude compartir mi único deseo sincero...  mi anhelo desesperado de que pase algo. Lo que sea, pero que pase. 


   :(:


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